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Cómo convertirse en un perfecto esquizofrénico

Por: | Tags: , , , , , , | Comentarios: 0 | enero 22nd, 2016

Cómo me convertí en un perfecto esquizofrénico

 

¿Un viaje a la locura?

Estimado lector, me gustaría iniciar contigo un viaje a la locura, al abismo de nuestros miedos, a la más absurda irrealidad. Quizá te resulte irónico (que lo es) pero lo que vas a leer a continuación es el camino inverso a vivir en el más sano juicio. No sé, quizá te sirva para todo lo contrario, en tu mano está.

Situémonos a 14 de mayo de 2015. Ese día me levanté de la cama, desayuné y me puse a leer los correos en el ordenador. Uno de ellos, sin remitente conocido, me llamó poderosamente la atención. En el asunto ponía lo siguiente: te reto. Así que lo abrí con curiosidad y me dispuse a leer.

Un paciente mío me había invitado a convertirme, durante un tiempo indefinido, en él mismo. El motivo era que quería que experimentara en primera persona cómo sufría su enfermedad mental: la esquizofrenia. Debía ser un paciente muy agradecido, pues esto me haría un mejor psicólogo, ya que no es lo mismo leer los síntomas en el DSM que sufrirlos en las propias carnes (o cerebro). Así que, como soy dado a las conductas de riesgo, me puse manos a la obra, con el afán de entender mejor a mis pacientes.

Pocas personas logran llegar a ser esquizofrénicas. Sólo un 1% lo consiguen

Estimado lector, ser esquizofrénico no es fácil. Lleva tiempo y dedicación el proceso de enfermar psicóticamente. También he de confesar que, si te has planteado alguna vez hacer como yo, no todas las personas pueden llegar a experimentar este trastorno mental. De hecho, muy pocas son las que lo logran (cerca de un 1%). Para empezar mi gesta, cogí lápiz y papel y anoté lo siguiente: “objetivos a alcanzar para ser esquizofrénico”. Todo es empezar.


Objetivos a alcanzar para ser esquizofrénico:

A. Dos o más de los siguientes síntomas, cada uno de ellos significativamente presentes durante un mes (o menos, si hubiera tenido la desgracia de haber sido tratado con éxito):

  • ideas delirantes (creencias falsas sobre la realidad externa basadas en inferencias incorrectas)
  • alucinaciones;
  • discurso desorganizado (por ejemplo, descarrilamiento o incoherencia frecuentes) (básicamente se trata de hablar sin sentido)
  • comportamiento claramente desorganizado o catatónico (es algo así como adoptar posturas corporales extrañas)
  • síntomas negativos, es decir, embotamiento afectivo, alogia o abulia (se trata de un discurso empobrecido o vacío de contenido)

B. Haber dañado una o más áreas de actividad, especialmente la profesional, la interpersonal o el cuidado de uno mismo (esto no iba a ser especialmente complicado).

C. Los síntomas de la alteración debían persistir durante al menos 6 meses (ya dije que llevaba tiempo la cosa).

D. No alcanzar, por equivocación, un trastorno esquizoafectivo o del estado de ánimo (hay que ser muy cuidadosos).

E. Excluir los trastornos relacionados directamente con las drogas o con una enfermedad física (lo cual no significa no consumir drogas, ya lo veremos más adelante).

 

Cómo me convertí en un perfecto esquizofrénico

 


Parece que no es tan fácil esto de padecer un trastorno psicótico

Ya advertí anteriormente que no todo el mundo puede llegar a convertirse en esquizofrénico. Lo siento. Para ello deben darse una constelación de acontecimientos que los científicos andan todavía buscando. Un buen punto de partida es haber nacido en un mes frío, haber tenido problemas en el parto, haber soportado virosis precoces y hasta la ocurrencia casual de cierta constelación de genes. Pero, desgraciadamente, con eso no basta, se trata sólo de un punto de partida. Hay que trabajar mucho más.

Es necesario saber que los resultados raramente aparecen antes de los 18 años y tal vez bastante más tarde, en caso de ser mujer. Hasta entonces es necesario preparar el terreno concienzudamente. El problema reside en que nadie sabe exactamente cómo hacerlo.

Si quieres ir a lo seguro, lo que debes hacer es cultivar el aislamiento, relacionarte con el menor número de personas posible y aprender lo menos posible de la vida. Algo importante es llevar una vida rutinaria para no enfrentarte con situaciones imprevisibles y tumultuosas en las que tengas que poner a prueba tus emociones.

Por lo tanto, decidí, desde ese mismo momento, llevar una vida rutinaria y sosegada. Me quedé confinado en mi hogar, esperando a que mi familia hiciera el resto. El resto es como sigue: nadie se entiende entre sí, pero todos suponen que se entienden de maravilla y que el pequeño mundo de usted es el mejor de todos. ¿Ha quedado claro?

 

Cómo me convertí en un perfecto esquizofrénico

 

Fuera de casa decidí no tener contacto con nadie, quitando el contacto con un pequeño grupo de amigos con los que fumaba hachís, esnifaba cocaína, consumía LSD y anfetaminas. Estas dos últimas hay que consumirlas con cuidado porque no te garantizan la esquizofrenia completa sino una esquizofrenia prestada, sin pena ni gloria. Tampoco debía realizar ninguna actividad que hiciera aflorar mis emociones.

Debía esforzarme en no lidiar nunca con ellas. Lo importante era que todo sucediera en mi cabeza, nunca en el mundo real. Así fue como me inicié en el noble arte de hablar conmigo mismo, dicho sea de paso.


Conviértete en un maestro del universo

Y es que hablar consigo mismo es el siguiente paso para ser un buen esquizofrénico. Te aconsejo que viajes solo por los diversos ocultismos, que dan siempre la oportunidad de hacer las interpretaciones que a cada uno le plazcan. Me explico: haciendo cábalas, transformando letras por números y agrupándolos en intrincados jeroglíficos, se puede adivinar lo que sea, convirtiéndose uno en maestro del universo.

Así, tus intuiciones siempre serán confirmadas, ya que todo está escrito en los astros. Lee mucho acerca de esta cuestión, mézclalo todo y saca tus propias conclusiones. Difícil no te va a resultar después de tu experiencia familiar. Buscar coincidencias en pequeños detalles fuera de contexto también ayuda. De nada.

 

Cómo me convertí en un perfecto esquizofrénico

 

El objetivo de todo esto es crear cortocircuitos en tu cerebro que, el día menos pensado, hagan saltar algunos fusibles. Pero ahora hay que fundirlos todos. ¿Cómo? Pues depende del tipo de esquizofrenia que quieras alcanzar (tienes donde elegir: paranoide, desorganizada, catatónica…). Es como un menú a la carta. Tú eliges.

No basta con crear cortocicuitos; también hay que fundir los fusibles

Puedes aprovechar una salida del seno familiar, un desplazamiento a otro lugar, o una gran pasión. Si se dan las tres cosas juntas, mucho mejor. Lo más importante es poner las emociones al rojo vivo. Cuando lo hayas hecho, todo empezará a parecer extraño y entrarás en un mundo kafkiano. Nadie te entenderá ni tú entenderás a nadie, pero estarás en el centro de todo.

Descubrirás verdades absolutas, las palabras y las cosas se transformarán como por arte de magia, y sólo tú podrás escuchar cómo la CIA te manda mensajes a través de las antenas de los edificios. Enhorabuena.

Sin embargo, esto no tiene ninguna gracia, no vayas a pensar que es agradable. De hecho, a mí hasta me llevaron al hospital y el psiquiatra de turno me recetó montañas de pastillas e inyecciones. Lo curioso es que yo no me las tomaba. ¿Cómo voy a tomar pastillas para curarme si soy el centro del universo y tengo que resolver un misterio para evitar la aniquilación de toda la humanidad a manos de seres de otro planeta? De ninguna forma, ¡faltaría más!.

 

Cómo me convertí en un perfecto esquizofrénico

 

¿Y si no consigues ser esquizofrénico?

Podría darse el caso de que nunca llegaras a tener un verdadero brote esquizofrénico, bien por azar o bien por no haber seguido mis indicaciones al pie de la letra (también podrías haber olvidado dar rienda suelta a tus emociones en el momento oportuno). Sea como fuere, tranquilo, aún puedes tener derecho a desarrollar una personalidad esquizotípica. La idea no es tan mala como parece, pero no es ni chicha ni limoná.

Ser esquizotípico tampoco está tan mal

Te convertirías en una persona singular, excéntrica, siempre en contra de todo, con ideas tan extrañas que podrían publicarse en El Mundo Today. Podrías vestir como un vagabundo y hacer uso de los servicios sociales. Si algún día tuvieras problemas, podrías presentar la disculpa de la enfermedad. No está nada mal ¿eh?

Si no optas por esta vía, tranquilo, hay más opciones. Puedes seguir la carrera de los paranoicos. Con un poco de suerte, habrá algún psiquiatra que te cuelgue la etiqueta de esquizofrénico. Es algo así como una medalla de cartón, pero puede valer.

Y si ni aún así lo consigues, queda una última solución. Atibórrate de LSD si tienes prisa. Si puedes esperar, te recomiendo las anfetaminas (producen los efectos a largo plazo). Este último recurso es especialmente útil para quien tenga cualquier otro cuadro comórbido pero quiera también obtener una posgraduación en este área, si bien limitada en el tiempo.

En fin, como imaginaréis, nunca llegué a desarrollar una esquizofrenia. Ni siquiera me atreví con las anfetaminas. Al final va a resultar que no soy tan dado al riesgo y lo mismo no tengo que pedir cita a ningún colega. Otra vez será.

Nunca llegué a desarrollar una esquizofrenia

Para saber más pincha aquí


Acerca del autor:

D. Francisco Pérez es psicólogo general sanitario, máster en psicología clínica y de la salud por la U.C.M. y especialista en terapia cognitivo-conductual en la infancia y adolescencia por la U.N.E.D. además de especialista en trastornos del estado de ánimo, ansiedad y terapia de pareja. Actualmente trabaja como psicólogo en Jaén capital y también online.


 

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