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Celos entre hermanos: síndrome del príncipe destronado

Por: | Tags: , , | Comentarios: 0 | Noviembre 3rd, 2015

¿Tus hijos tienen celos? El primer ambiente social con el que se encuentra un ser humano, cuando viene al mundo, es la familia, que se considera una institución sociocultural básica, alrededor de la que gira toda la estructura de lo que llamamos sociedad.

El núcelo central de la familia está constituido por los padres y los hijos, aunque también puede haber otros elementos familiares en convivencia con ellos que ejercen una influencia más o menos manifiesta.

No es raro que dentro del seno familiar, como en todo grupo social, se produzcan tensiones y roces entre sus componentes. Una queja frecuente en las consultas de psicología infantil es la problemática que supone la aparición de celos y conflictos en la relación entre hermanos.

celos entre hermanos

Todos hemos oído la expresión “rey de la casa” para denominar al hijo único cuando es pequeño. Y no va muy desencaminada, pues ciertamente el niño es quien impera en la vida familiar. Cualquier pareja que disfrute (o sufra, según criterios) de la experiencia de haber traído recientemente un hijo al mundo nos puede dar cuenta de lo que ha cambiado su vida desde entonces. Han tenido que amoldar todas sus actividades, tiempo, horarios, organización familiar, de la casa, etc., a los requerimientos del recién llegado. No les ha quedado más opción que amoldarse a la “soberanía” del pequeño para cubrir sus aparentemente interminables necesidades.

Al mismo tiempo, el niño va creciendo y tomando conciencia del papel preponderante que juega dentro de la familia. Sabe que tiene un fuerte poder sobre sus padres y, a veces, si no es hábilmente encauzado por ellos, puede llegar a ejercer una auténtica tiranía.

El problema surge cuando viene otro hermano a formar parte de la familia y el niño percibe que, de pronto, sus padres dedican mayor atención a un intruso. Es el síndrome del “príncipe destronado”.

No es raro que aparezcan los primeros celos y competencias con el recién llegado. El hecho acarrea, con bastante frecuencia, serios conflictos psicológicos, que los padres deben saber amortiguar por sí mismos o con la ayuda y orientación de un especialista.

A medida que los hermanos crecen, habitualmente tiene lugar un amoldamiento a las circunstancias, y aunque la hostilidad y los celos fraternos hacen acto de presencia en la infancia, no suelen tener serias repercusiones posteriores en su vida adulta.

 

Cuando llega otro hermano a la familia suele producirse el síndrome del “príncipe destronado”

 

Algunos estudios psicológicos han dado una importancia destacable al lugar que una persona ocupa en el orden fraterno durante su infancia como condicionante de su carácter. Esto se fundamenta en el normal establecimiento de roles que suele tener lugar entre los hermanos y que hace que aparezcan los celos entre ellos.

celos entre hermanos

Así, el primogénito habitualmente asume cierta autoridad sobre los más pequeños y tiende a suplir a los padres cuando no están presentes. Esto desencadena ciertas pugnas y celos por la hegemonía con el hermano inmediato. De este modo llegamos al benjamín, quien se ve sometido al control anárquico de los de más edad. Entre todo este reparto de poderes es lógico que aparezcan pugnas y celos. Pero, afortunadamente, no tienen por qué acabar en tragedias; son competencias admisibles que tienden a desaparecer según se va madurando.

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Los padres juegan un papel esencial como moderadores de los posibles conflictos. Ellos deben percatarse de su aparición y saber atenuar las tensiones y celos impartiendo la mayor justicia posible. Lo lamentable es que, a veces, son los propios padres quienes generan celos entre los hijos, con su conducta. Así, por ejemplo, es muy negativo ridiculizar a un hermano por su bajo rendimiento en los estudios frente a otro más aplicado. Lejos de provocar un estímulo de competición positivo, puede desencadenar pequeños odios o rencillas que minan una buena relación entre ellos.

La imagen de un hermano mayor ejemplar puede servir de modelo a imitar por el más pequeño, pero en otras ocasiones, cuando éste no es adecuadamente apoyado en el reforzamiento de su personalidad, puede fomentar la instauración de una serie de complejos que repercutirán en su vida de adulto. Tampoco es agradable para el primogénito sentirse, en cierto modo, obligado a representar el papel de modelo para que sus hermanos “aprendan de él”. Esta es una tarea que, con frecuencia, se le encomienda al hermano mayor, induciéndolo a asumir unas responsabilidades, en cierto modo condicionantes de su conducta, que, en justicia, no deben corresponderle.

Los sentimientos de inferioridad y autodesprecio, síntomas básicos del comportamiento neurótico, tienen su siembra en el seno familiar.

 

Los padres juegan un papel esencial como moderadores de los posibles conflictos

 

Dentro del grupo fraternal cada hermano tiene su propia personalidad. Habrá diferencias entre ellos que ocasionalmente generarán enfrentamientos; ahí es donde entran en juego la habilidad y el tacto de sus padres para poner paz y hacer que prevalezcan los derechos de cada uno en el puesto que ocupan en la familia. Las diferencias de aptitudes no tiene por qué restar categoría o importancia en el orden familiar.


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